Jueves, 1 de mayo del 2025
Lo que me ha sucedido recientemente ya me ha pasado otras veces. De vez en cuando, durante el día, tengo momentos de reflexión sobre algo nuevo que estoy aprendiendo de mí misma, del entorno, o de algo que me interesa.
Y cuando me duermo, y semi despierto de casualidad en la madrugada, o entro en ese estado entre el sueño y la vigilia durante algunos minutos de la mañana (aclaro: que estoy más dormida que despierta), me sorprendo “pillando” a mi mente hablando sobre eso, pensando , resolviendo problemas, e incluso —me parece— debatiendo conmigo misma.
Esto me resulta muy curioso y divertido , aunque también me impresiona, porque a pesar de sentirme más una observadora que una presente activa en la conversación, mi mente piensa rápido y con claridad, como si intentara llegar hasta el fondo de la “cuestión”. Y eso me llama mucho la atención: que esa forma de pensar, que se supone requiere de más energía, ocurra cuando me encuentro en un estado de conciencia medio apagada.
Hace un par de días, tenía que hacer un viaje muy largo a la ciudad para llevar a mi gatita a un veterinario especialista, por tanto debía dormir temprano.
Pero al final, dormí tarde porque se me fue el día (digámoslo así) y alrededor las 5 de la mañana, entré en un estado de duermevela, donde estuve más dormida que despierta. Allí, una vez más, pillé a mi mente conversando. Esta vez sobre espiritualidad, naturaleza e identidad. Era como escuchar una conversación en la que más que ser una participante era una oyente. Entonces pensé “qué interesante se está poniendo esto”, aunque también me dije: por favor, necesito dormir porque me tengo que levantar en media hora y no quiero.
En conclusión, transitar por este estado me ha ayudado ver las cosas desde otros enfoques, encontrar respuestas a los problemas que atravieso e incluso sentir que tengo una especie de guía interna.
